El tridente del Romea

 

Si se realizara una encuesta sobre cuáles son los tres mejores compositores en la Historia de la Música es muy probable que la mayoría de nosotros coincidiésemos en que Mozart y Beethoven serían dos de ellos. Sin embargo, la cosa estaría más abierta a la hora de decidir qué músico completaría la terna.

Es muy posible que el arquitecto que planificó hace más de 150 años la fachada del Teatro Romea se planteara esta cuestión a la hora de decidir los tres compositores que encabezarían su parte superior.

He investigado sin mucho éxito el por qué de la elección de Franz Liszt (1811-1886) como acompañante de los genios de Salzburgo y Bonn para ocupar tan destacado y representativo lugar en la fachada de este importante edificio de la cultura regional.

La explicación más lógica es que se escogiese a Liszt por ser el músico de moda en ese momento, ya que él fue en vida un célebre y virtuoso pianista que inventó el recital de piano y escribió numerosas obras de una calidad artística muy reconocida. Además era un intérprete muy bien parecido que atesoraba una innata capacidad de atraer a las mujeres que asistían a sus conciertos. La fama de seductor de Liszt lo acompañó hasta su toma de las órdenes menores a los 54 años, tras prescindir de sus servicios un ministro de Carlos X que intuyó las intenciones del melenudo profesor de su hija.

Al margen de su ajetreada vida personal, hay que decir que Liszt era un pianista muy bien preparado que ensayaba doce horas al día, estudiaba las partituras con mucho detalle y revolucionó la técnica pianística, convirtiéndose en un excelente repentizador.

Otro invento de Franz Liszt fue la masterclass. A pesar de que ganó muchísimo dinero en su juventud como virtuoso del piano ofreciendo conciertos por toda Europa, nunca le cobró a un alumno por enseñarle y organizó muchos conciertos benéficos para recaudar fondos para la catedral de Colonia, la Universidad de Berlín, los hogares de niños huérfanos o las víctimas de las inundaciones del río Danubio, entre otros motivos.

Finalmente, destacaría el humanismo que rezumaba en el pianista austro-húngaro cuando dijo que: “Para la formación de un artista, el primer requisito es mejorar su humanidad” o esta otra ocasión en la que manifestó que: “Desperdiciar el tiempo es una de las peores faltas en el mundo. La vida es tan corta, cada momento es tan precioso; y mientras, vivimos como si la vida no tuviese un final”.

Por todo ello, desde estas líneas aplaudo la feliz elección del busto de Liszt en la fachada del Teatro Romea, ya que junto a Mozart y Beethoven constituyen un fenomenal tridente que podríamos denominar como “la MBL de la cultura musical”.

El desprendido pianista escribió en una carta dirigida a su hija Cosima: “En la vida, uno debe decidir entre conjugar el verbo tener o el verbo ser”.

Hoy día podemos decir que el verbo más adecuado para el famoso compositor es el “estar” en un lugar privilegiado del centro de Murcia.

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