El violín en los inicios del blues.

En el siglo XIX el “black fiddler” era ya una figura celebrada y reconocida, imprescindible en cualquier evento social.

¿Y cómo era la música entonces? difícil saberlo, pero podemos leer algunas narraciones en cartas y diarios.


Un día me encontré a Marce Thomas apretando las clavijas de su fiddle y dándole resina al arco. De improviso empuñó el arco y empezó a frotarlo sobre el vientre del violín. Al oírlo algo estalló dentro de mí, atravesó mi cabeza y hormigueó en mis dedos. Decidí, justo allí y en ese momento, ahorrar lo necesario hasta conseguir comprar un fiddle ¡hasta que una Navidad lo conseguí, Dios bendito! Aprendí en seguida y lo he estado tocando desde entonces.

Al principio marcaba el ritmo con un pie mientras tocaba. He estado tocando y moviendo el pie durante 30 años. Lamentablemente tuve un accidente de carretera y perdí ese pie, y sin embargo, cuando por la noche toco las viejas canciones con el violín, el pie parece estar allí moviéndose al final de la pierna. Algunas veces me sorprendo mirando hacia abajo para ver si es que ha vuelto y se ha unido él solo a la pierna, de lo a gusto que estoy tocando música tan maravilosa con mi arco y mi fiddle. 

¿Que a qué iglesia pertenezco? A ninguna. El fiddle construye para mí todo los paraísos y todos los sermones que necesito saber. Canto himnos como si fueran plegarias que glorifican al señor.

Andy Brice (Winnsboro, South Carolina)


El violinista negro entró entonces y comenzó el baile. Después de que se hubieron divertido lo suficiente con tal ejercicio, llegó el turno del resto de los negros, que ya se habían provisto de antorchas y habían barrido el patio. El fiddler salió y tocó una canción y era un danza a medio tempo. Entonces fue cuando ellos se sintieron como en casa y el sonido del fiddle los volvió locos. Creo que, si hubieran estado en medio de una insurrección y alguien hubiera tocado un violín, todos se habrían puesto a bailar en cinco minutos. Nunca había visto un esclavo en mi vida pero se quedaban parados como si les hubieran disparado al escuchar el primer son del violín. (…) El fiddler es como una deidad que preside estas ocasiones y, aunque su piel sea de color oscuro no es por eso menos fervientemente invocado. Es el líder del grupo en todas las reuniones, públicas o privadas, el único director de todas las músicas, aceptables o inaceptables, capaz de transformar cualquier sencilla canción sentimental en un reel, una jiga, o una contradanza…


A pesar de la gran fama del violín, su asociación con el baile inspiró la condena entre los más religiosamente estrictos, evangélicos y otras sectas, tanto entre los blancos como entre los negros. Se empezaba a pensar ya que tocar el violín era un habilidad de la cual sólo Satanás era capaz, de ahí su interpretación implicaba cierto nivel de comunicación con el Diablo.


…ella aprendió a tocar el violín y, habitualmente el primer día de la semana, salía con su instrumento para atraer a personas de ambos sexos, quienes, no sintiendo frente a sus ojos el temor de Dios, se deleitaban con ella en la diversión pecaminosa y perniciosa …

Una vez, mientras bailaba,

… se apoderaron de ella ataques y cayó al suelo sufriendo convulsiones. A partir de ese momento perdió su amor por el baile, y no cayó más en esta vana diversión…


La abolición.

En 1808, las leyes de los Estados Unidos restringieron la importación de esclavos, aunque la práctica no cesó hasta bastante tiempo después de la Guerra Civil, cuando las plantaciones se dividieron en pequeñas granjas y los antiguos esclavos buscaron entonces empleo en estas granjas como aparceros. Aunque la libertad fue llegando poco a poco, los blancos siguieron luchando para mantener su “supremacía”. Fue un período de aumento de los linchamientos, de conflicto entre los derechos de los negros y leyes que defendían una vida segregada.

Las bandas de cuerda en este periodo intermedio utilizaban el violín en combinación con todo tipo de instrumento con guitarras, armónicas, tablas de lavar, banjos, contrabajos, flautas, mandolinas, y cualesquiera otros objetos domésticos reciclados. Al principio se movían tanto en el medio rural con el urbano, y fueron bandas de entretenimiento que servían igualmente para el baile de los sábados, el “medicine show” (un espectáculo de vodevil propio de las zonas rurales del sur y oeste de Estados Unidos, realizado con escasos medios técnicos y económicos, y que se ofrecía desde una carreta con toldo, a modo de escenario) y el “minstrel show” (espectáculo burlesco que combinaba números cómicos, de bailes y de música).

Virginia Minstrels

Los famosísimos Virginia Minstrels

Así que, realmente los intérpretes negros de entonces tocaban una gran variedad de estilos, entre los que el blues era uno más. Al principio, los propios fiddlers negros llamaban al blues “Negro reels”, y no fue hasta su popularización y comercialización en la era post-esclavitud, cuando el blues comenzó a adquirir una entidad gigantesca y a impregnarlo todo.

La popularización del blues.

Como tantas veces ha sucedido a lo largo de la historia, aunque fueron los oprimidos, los esclavizados, los marginados, los que crearon la música, la primera grabación que existe de un blues estándar de 12 compases fue la realizada por un violinista blanco llamado Hart Wand, un auténtico devoto de la música negra, que compuso una melodía inspirada en el blues un día que estaba simplemente practicando con su violín e intentando imitar ese estilo que tanto le gustaba. Un día, un portero negro que había estado escuchándole interpretarla le comentó: “Esta canción me produce nostalgia de volver a Dallas (That gives me the blues to go back to Dallas)“.

Así que Hart llamó a esa canción “The Dallas Blues” y la publicó en marzo de 1912, apenas unos meses antes de que Arthur Seal publicara “Baby Seal Blues” y W. C. Handy “The Memphis Blues”. Estos tres temas fundacionales terminaron escuchándose de forma enfermiza por todas partes, así que, una vez descubierta la mina de oro, muchos artistas quisieron subirse al carro del éxito y comenzaron a incorporar temas blues en sus actuaciones, casi todos imitando el estilo del Dallas Blues y el Memphis Blues.

Esta explosión benefició de alguna manera a los músicos negros, que ahora eran buscados para trabajar en bandas para bailes y orquestas, y podían también ganar dinero tocando en grupos pequeños. Antes de que el blues fuera realmente popular en todas las capas sociales, las casas de discos no grababan a músicos negros. El primero que se atrevió a ello fue Perry Bradford, director de Okeh Records, que inició lo que se llegó a conocer como “Race Records” . El éxito en ventas que obtuvo (aun cuando fuera principalmente entre la comunidad negra) animó a otras casas de discos a seguir su ejemplo.

Al principio las grabaciones se realizaban en los propios estudios de las casas de discos. Pero el problema era que muchos músicos vivían en el medio rural y resultaba complicado encontrarlos y llevarlos hasta el estudio, donde se sentían intimidados por el rígido y poco festivo ambiente profesional. Para relajar el ambiente a menudo se les proporcionaba alcohol, con lo que se llegaban a grabar sesiones con los músicos en un “estado bastante alterado”, lo que a veces podía ser bueno, y otras malo.

Black fiddler

El filón musical de la comunidad negra parecía no tener fin, de modo que las compañías comenzaron a buscar talento por todos los rincones de Estados Unidos, enviando representantes a cualquier condado donde pudiera haber un instrumentista especialmente dotado. Así, incluso llegaron a construir equipos de grabación móviles que llevaban a cualquier lugar o espacio en el que poder registrar a un nuevo descubrimiento; se realizaban concursos musicales regionales para seleccionar a los mejores músicos o grupos.

A comienzos del siglo XX aún había fiddlers en los grupos, aunque ya no eran el centro de la actuación. Generalmente el fiddler iba improvisando bajo la línea melódica del cantante, a menos que tuviera algún lick que le gustara especialmente para ir repitiendo. También disponía de espacio para desarrollar algunos solos, cuyo número y frecuencia dependería de su habilidad y de las preferencias del líder de la banda. La competitividad entre músicos y casas de discos por encontrar éxitos y talentos nuevos consiguió que la música de los violinistas negros de principios de siglo fuera buscada y preservada.

Pero la figura del violinista de blues clásico terminó desapareciendo a finales de los años veinte. El jazz, el hijo guapo y sofisticado del blues, de origen puramente urbano, comenzaba a extenderse, con sus vientos y metales, dejando sin sitio y sin suficiente volumen a los violinistas puros, que a menudo tuvieron que reciclarse tocando otros instrumentos. El blues abandonó el violín, o tal vez el violín abandonó el blues, al menos hasta que llegó la electrificación de los instrumentos.

Muchos han vuelto a tocar fiddle blues desde entonces, pero ya nunca como aquellos pioneros nacidos en las plantaciones, rascando sus arcos sobre violines impregnados con sudor y polvo de carretera.


En Chicago teníamos a todos aquellos increíbles violinistas, violinistas negros. En cada teatro había una orquesta tocando tras la pantalla, porque no había sonido. En nuestro vecindario había un teatro con un grupo de violín, percusión y piano. Entonces, en 1929, Al Jolson hizo la primera película sonora: “El cantor de jazz”. Fue entonces cuando todo cambió. Todos se deshicieron de los músicos.

Pero los violinistas no tenían adonde ir. Había montones de clubs para negros en Chicago en los que los músicos negros podrían haber trabajado, pero ahí no querían violines. Eran sitios de gente bebiendo alcohol y bailando, así que no era un sitio para violinistas. Y ese fue el fin: 1930, 1931, 1932… fueron desapareciendo todos los violinistas negros.

¿Qué fue de todos esos maravillosos violinistas negros? no lo sé, desaparecieron. Pero te voy a contar una cosa. Una tarde estaba repartiendo periódicos por las casas. Era repartidor, iba a las casas de la gente a repartir el Chicago Herald Examiner, y generalmente iba por la puerta de atrás.

Entonces los encontré. Muchos de los violinistas negros eran de Nueva Orleans, y desde que dejaron de encontrar trabajo, se hicieron fabricantes de puros. Se sentaban en sus porches traseros a fumar y a enrollar cigarros, para llevarlos más tarde al centro para venderlos a la gente rica en los grandes almacenes. Y es así como sobrevivieron cuando dejaron de tener trabajo.

Milt Hinton, bajista de jazz.


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