Inestabilidad atmosférica | Música inesperada

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El verano de 1877 fue especialmente luminoso para Johannes Brahms (1833-1897). Meses antes se había librado de la sombra de Beethoven, con lo que pudo terminar por fin su Primera Sinfonía y se disponía a pasar unas vacaciones felices en el lago Worthersee.

Johannes tenía 44 años cuando alquiló dos bonitas habitaciones en el pueblo de Portschad. Aunque las estancias eran muy adecuadas para trabajar, no pudo instalar su piano por la estrechez del pasillo de la vivienda. A pesar de todos el compositor se sentía muy a gusto y así se lo comunicó por carta a su editor, Fritz Simrock.

Fruto de estas favorables circunstancias vio la luz la Segunda Sinfonía del maestro alemán, que por su carácter idílico se vinculó con la Pastoral de Beethoven. Tras escuchar la versión para piano, Billroth escribió que la música de recordaba los ondulantes ríos, el cielo azul, el brillo del sol y las verdes sombras de un paisaje.

La obra está escrita en Re mayor y consta de cuatro movimientos que reflejan el estado de ánimo de Brahms. Cuando se estrenó en Viena bajo la batuta de Hans Richter fue un éxito, tal y como auguraba antes Clara Schumann. Podría decirse que en Portschad, Johannes descubre la luz de la naturaleza y escribe música para una pareja de recién casados.

Musicalmente, la Segunda Sinfonía de Brahms es una de las mejores obras jamás escrita, con dos movimientos en sus extremos que están inundados de esa luz tan deliciosa. Las tres primeras notas que escuchamos en el Allegro non troppo constituyen un motivo generador de toda la composición. La fuerza y profundidad que emana misteriosamente desde los primeros compases recuerda la niebla de Hamburgo, su ciudad natal, pero enseguida surgen el sol radiante y el cielo puro de los que hablaba Billroth, seguidos de un segundo tema con toques de vals vienés y otro tercero que evoca su célebre canción de cuna.

El segundo movimiento Adagio non troppo nos recuerda el clima del norte de Alemania. Aunque ya nos lo anticipa en el primer movimiento, Brahms entiende que un precioso día también contiene momentos oscuros y dubitativos, lo que saca al oyente de la monotonía y lo sumerge en una de las páginas más sublimes de la composición.

El Allegretto grazioso, quasi andantino es un ejemplo de arte en la variación temática. Comienza con un aire pastoral ligero y gentil para transformarse en una serenata. El Finale es un movimiento increíble. Las nubes desaparecen por completo y la orquesta muestra el júbilo ante el triunfo con el que culmina la obra.

 

Jueves 6 de junio, 20 h. Auditorio Víctor Villegas. Concierto para piano número 3 de Beethoven y Segunda Sinfonía de Brahms. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Konstantinos Destounis (piano). Virginia Martínez (dirección).

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